Blancanieves y su malvada madrastra

¿Quién no ha escuchado alguna vez el cuento de Blancanieves? Ya sea que nos hayan leído el cuento o hayamos visto la película animada o alguna de sus reversiones, siempre quedan rondando en nuestra memoria y, fundamentalmente, en nuestro inconsciente algunos de sus  personajes arquetípicos. Si bien la intención de las primeras ediciones de los hermanos Grimm no tenía como destinatario al público infantil, sino solo compilar tradiciones alemanas, es  indudable su popularidad entre niños, niñas y adultos a pesar de la dureza y crueldad de la historia.

Siempre llaman nuestra atención Blancanieves, el príncipe y los siete enanitos. Pero quisiera que, esta vez, nos detuviéramos en el personaje de la malvada madrastra. En general, es presentada como una mujer envidiosa y muy celosa de la belleza de su hijastra. Pero, más allá de las motivaciones, veamos cuáles son sus acciones principales: en primer lugar, envía a un cazador para matar a Blancanieves en el bosque y traerle su corazón, luego, es ella misma quien se disfraza y seduce a Blancanieves para que ate una cinta con la intención de ahorcarla, le clava unas peinetas con veneno, y finalmente, le da la manzana envenenada. Es decir, sus acciones son muy crueles y, no se detiene hasta lograr su objetivo de eliminar a la causante de sus desventuras.

El cuento es escalofriante, pero nos pone frente a una realidad: el deseo de destruir, dañar, sacar del medio aquel o aquella que nos perturba, que nos incomoda, que nos molesta, que es distinto y se percibe como amenazante. Este deseo es muy básico y primitivo, sin embargo, un personaje arquetípico nos invita a reflexionar sobre algunas de nuestras acciones y el grado de violencia que ponemos frente a otras y otros por el simple hecho de interferir en nuestros gustos o en nuestros planes. ¿Cuántas veces actuamos como la malvada madrastra? ¿Cuántas veces nos violentamos, enojamos, fastidiamos con alguien por una suposición, por una diferencia menor o porque no responde a nuestros deseos o ideales? ¿Cuántas veces dejamos de hablar y nos distanciamos de personas por diferencias o discordancias?Nos quejamos al observar que nuestra sociedad es violenta, pero “nuestra sociedad” es el reflejo de lo que somos.

Es momento de pensar qué nos hace más humanos. Dar rienda suelta a nuestros impulsos, el desenfreno, la ira, la agresividad… o tomar un respiro, el famoso contar hasta diez, el ser capaces de parar y pensar. ¡Cómo nos cuesta aceptar que los otros/las otras piensen diferente! Nadie quiere ser la malvada madrastra, pero ¿reflexionamos sobre esto, nos desafiamos a nosotras/os mismas/os, somos capaces de tomar distancia de esas situaciones y mirar respetuosamente a las personas que nos rodean…?

Bienaventurados los que construyen la paz porque serán llamados hijos/hijas de Dios.” Mateo 5:9

2 Comentarios

  1. ¡Excelente reflexión,Carolina!
    Creo que debemos tomar un tiempo para pensar en esto, porque la sociedad, como muy bien decís, la formamos cada uno/a de nosotro/as…constituimos las células de ese tejido.
    Abrazo,
    Marita

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